martes, 29 de abril de 2014

El doctor pelotudo

Basta pensar que son cinco kilos para que me brote una sonrisa. Y a mucha gente puede parecerle una cantidad ínfima, sin importancia, una pedorrada. Realmente para mí no. De un tiempo a esta parte, la balanza venía siendo una real enemiga, sobre todo porque siempre que subía, marcaba más. Siempre más. Y en todo este recorrido, estuve dando vueltas por consultorios, por infinidad de lugares, hasta fui a un centro de investigaciones metabólicas, para que alguien que se rompió el culo estudiando me diera respuestas. Error. Un doctor con nombre muy gracioso, me atendió genial, un par de veces. Estaba buscando lo que antiguamente se llamaba médico de cabecera, es decir, el tipo que te conoce con pelos y señales, que sabe por donde van tus tiros, que tiene tu historia. Y parecía que este iba a servir, pero en nuestra última consulta, la cagó. Es un tipo por el que he estado esperando al menos una hora, para verlo. Que con su mejor cara de boludo te decía, es que estoy un poquito demorado. Y para mis adentros pensaba, si esto es un poquito para vos, querido, lo que será hacerme esperar mucho! Un boludo, como la mayoría de los médicos argentinos, que me perdonen si alguno lee, de puta casualidad, pero siempre sucede que el paciente se llama así justamente porque no debe perder los estribos en una sala de espera cuando "el doctor está un poco demorado", y debe morderse los bigotes para no empezar a revolear todo escuchando mentalmente una canción de Sex Pistols. Por ahí está demorado por razones reales, o simplemente, porque se le cantó quedarse charlando con un colega cuando hay 10 giles esperando desde hace cuarenta minutos, lo que generará una demora que irá creciendo exponencialmente, y cuando llegue el último, totalmente desorbitado y casi deshidratado de tantas horas de espera, el doc está ya de mal humor, a las puteadas, y a ese último, no lo escucha casi. En la última oportunidad que vía al doctor pelotudo, se tomó diez minutos, si, 10 roñosos minutos para mirar un análisis, sólo el que él había indicado, porque le llevé otro que estaba relacionado con mis hormonas femeninas, pero que lo encargó un ginecólogo que encima no es amigo de él, entonces me lo tiró por la cabeza. Antes de eso, y porque yo tuve el tupé de llegar tarde, 15 minutos, porque avenida Córdoba es imposible hasta un domingo a la madrugada, el muy sorete me dijo que era una falta de respeto y que la próxima no me esperaba. Conté hasta 3879000, hice seis respiraciones profundas, y lo miré. Estimo que se me notaba en la cara el odio, porque después de eso y más alegre que Bob Esponja me dijo que todo estaba bien, que hiciera dieta y me dejara de joder, literal, y que camine, camine mucho, me hizo una orden para hacerme análisis en tres meses, porque él estaba muy interesado en mi salud, me dio un beso (la parte humana, viste) y me sacó del consultorio. Dios!!! Qué perdida de tiempo al pedo!!! Investigaciones metabólicas? Porqué no se lavan el ojete!!!!! Tremenda experiencia, realmente.
Me fui por las ramas, de verdad. La verdadera cuestión, la que interesa, es la misma de siempre: después de golpearle la puerta a todo el mundo, hasta a los más impresentables, y de que nadie diera en el clavo, por supuesto, entiendo que el clavo soy yo, y que la única persona que va a sacarme de esta mierda, del universo grasiento, soy yo. Nadie más. Me cago de la risa de mi, porque es una conducta evitativa, como diría mi psicóloga, la de ahora o la anterior, ya no registro, y hago un millón de espirales, vueltas, vueltas y más vueltas, para no llegar a eso que me da satisfacción, recibirme, estar flaca, armar mi consultora, mandar a la mierda a gente de mierda, que es a donde pertenece. Salud!!! Si lo lee mi psico de ahora, se hace un festín!!!!! Siempre se trata de eso: de lo que uno hace. Siempre es uno, el que se mete en un kilombo y el que se saca a sí mismo de él. La respuesta siempre estará en mí, en mis razonamientos, en mis metas y en mis actos. No en un doctor pelotudo, que no sabe nada ni sabrá nada más de esta gorda, a los pelotudos, hay que dejarlos a un lado y avanzar. En eso estamos.