martes, 29 de abril de 2014

El gordo malo

Muchas veces la obesidad crea capas. Primero, tímidos adipocitos, juntándose unos con otros para ser montones, haciendo más mullido el cuerpo del obeso, convirtiéndolo en un puff humano en el que nadie quiere sentarse. Y más tarde, cuando como si fuese un transformer ya está listo, redondo redondo barril sin fondo, aparecen las otras capas: las capas que lo hacen invisible para casi la mayoría de la gente. Muchas veces por la calle veo gente que evita mirar al gordo. No se si será porque los gordos somos sufridos, y piensan que si no nos miran nos ponemos contentos, por pasar desapercibidos, o si es porque verdaderamente, el gordo es algo que molesta en el paisaje. Lo afea, arruina un momento. Infinita cantidad de veces, me pasó que me quieran ceder el asiento en un bondi. Por supuesto, lo rechacé con ironía, y una vez hasta le dije a una chica, sentate, que estos son ravioles, no tengo un pibe adentro. Y¨puede ser por eso que somos invisibles: los gordos en general somos malos. Hirientes al pedo, esa pobre piba no tenía porqué fumarse a una gorda mala onda, un lunes a las diez de la noche volviendo del centro como sardinas enlatadas. No señor. Pero somos así. Espero que con los kilos que se vayan, se largue también esa acidez innecesaria para con aquellos que no tienen la culpa de que yo sea obesa. Tampoco es que vinieron en peregrinación a casa, a traerme brownies con helado. Gorda Mala.